
Trabajar para una buena empresa, tener un buen puesto, tener un buen suelo, es el sueño de la mayoría de la gente, y ese también era mi sueño, así fui educado.
Comprar un carro, comprar una casa o bien fincar una, sentar cabeza y formar una familia eran mis mayores anhelos, pero todo cambió el día en que me di cuenta que trabajando para alguien mas solo le estás regalando tu tiempo, le estás regalando tu vida.
En cualquier empresa tener un buen puesto solo significa una cosa, sacrificar tu tiempo y por ende, sacrificar a tu familia, incluso sacrificas las cosas que te gusta hacer con tal de conseguir o conservar un puesto alto en una empresa.
Yo conozco muchas personas así, que tienen un puesto importante en una gran empresa, pero le dedican tanto tiempo, llegan tan tarde a su casa que casi no ven a sus hijos, no pasan tiempo con su esposa, ¿Y que sucede?, niños que crecen sin saber que se siente tener el amor y la atención de un padre.
Eso es lo que yo quise evitar, a pesar de que no recibí una buena educación financiera en mi casa, por el contrario, en el tiempo en que comenzaba mi vida laboral, mis padres estaban endeudados aquí y allá, con tarjetas de crédito, prestamos, auto y que se yo que cosas más. Esto lo tomé como ejemplo y me propuse a mi mismo jamás acabar tan endeudado como ellos, aunque alguna vez caí en eso.
A pesar de mi falta de educación financiera, mientras pensaba en que yo quería tener el control de mi tiempo, de mi vida, formarme un buen futuro, decidí entonces formar un negocio, pero, no sabía de que ni como, tenía varias ideas de negocio, pero no me atrevía a iniciar ninguna por una sencilla razón, no tenía capital, contaba con 0 pesos guardados, solo disponía de mi sueldo pero tenía otro inconveniente, mi trabajo me quitaba todo el día, trabajando de 9am a 7pm jamás lograría iniciar un negocio.
Fue así como tuve la idea de renunciar a mi empleo en ese entonces para buscar un trabajo con una carga menor de horas, ahorrar dinero y entonces después de tener un capital iniciar un negocio que en mis sueños y según mis planes esperaba algún día convertirlo en una empresa.
Así que un día me armé de valor, renuncié a pesar de que mi patrón me insistió quedarme yo estaba firme en mi desición, incluso me ofreció un aumento de sueldo y un préstamo para comprar un auto, pero no lo acepté, confiado en la experiencia que había adquirido y en todo lo que había aprendido creí que pronto encontraría un mejor trabajo con menos carga de horas, pero... me equivoqué.
Continuará...
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